Una política de compras profesional tiene un impacto directo en el GOP.

Comprar bien no significa necesariamente comprar barato. En un hotel, una diferencia de precio puede perder todo su sentido cuando se tiene en cuenta la calidad del producto, su disponibilidad, las condiciones pactadas con el proveedor, el transporte, el almacenamiento o el consumo real. Por eso revisamos la función de compras desde una perspectiva más amplia, buscando conocer cuánto cuesta realmente aquello que el establecimiento necesita para funcionar teniendo en cuenta la normativa y la calidad.

Esto implica revisar la relación con los proveedores, negociar condiciones y decidir qué compras conviene centralizar y cuáles deben mantenerse en cada departamento. También supone conocer lo que se compra, a qué precio, en qué cantidades y con qué frecuencia. Un inventario sobredimensionado, una rotación baja o un consumo que se desvía de lo previsto pueden terminar teniendo un impacto mayor que unos céntimos de diferencia en el precio de compra.

La gestión diaria permite además detectar pérdidas que muchas veces pasan desapercibidas: productos que caducan, consumos superiores a los necesarios, compras que no responden a una necesidad real o mermas que se repiten sin que nadie las cuestione. Poner estos datos sobre la mesa permite ajustar cantidades, mejorar procesos y reducir el coste unitario sin necesidad de recortar aquello que afecta al producto o al servicio.

Al final, el objetivo es sencillo: que cada euro destinado a compras tenga un sentido. No se trata de reducir el gasto a cualquier precio, sino de utilizar mejor los recursos del establecimiento y proteger el margen sin que el cliente perciba una menor calidad en aquello que recibe.

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